domingo, enero 31, 2016

III CATA DE MICRORELATOS KOMANDO RIOJA.



Para quien no conozca al KR el mundo sigue igual. Así que, como si de un spoiler se tratara, aquí va una breve presentación que recupero de una entrada anterior de hace años.

"Activistas antibobalización, viajeros adictos, fundadores de la French Frie Guide, coordinadores de los Karnabalikas... y algunas otras acciones literacionarias, entre las que destaca su Cata de Microrelatos (el mejor concurso de microrelatos -y el más democrático- de cuantos se organizan en la clandestinidad de la SGAE), el Komando Rioja, revolucionario, vinícola y literario, es la dinastía de los “mugalaris”, el movimiento téctonico de las placas, el espacio Schengen del mundo, la utopia de Moro.
Los militantes y las milytantas, las brigadistas internacionales, los visitantes ocasionales y los viajeros sedentarios... el KR somos la medida de lo desmedido."

En este entorno anarkogolfo de vividores y degenerolisiados ayer, día 30 de enero de 2016, se celebró la III Cata de Microrrelatos Komando Rioja. Un concurso/cata en el que los caldos presentados no podían exceder las 120 palabras y debían acoger como inspiración el tema propuesto por el KR: "la barrica". Hicimos la cata -donde quien escribe, vota- y este fue el resultado final, con una selección de 3 microrelatos ganadores sin que ello, dicho sea de paso, desmerezca ningun otro de los presentados: a veces, en los grandes olvidados, se encuentran los verdaderos tesoros.

La presidenta del KR (antigua secretaria) no pudo asistir pero echó mano de su capacidad digital para usar los dedos en el iphone y enviarnos a todos los presentes el resultado de la cata. Estos han sido -por este orden- los tres cuentos más votados:


ELEGÍA DEL BORRACHO.
(Presentado bajo el seudónimo de Ferpecto Mente.)
Trepa usted, litigio amigo, que yo levo vino cada vía de mi gruta vida... ¡Cada vía! Y no me escuezo de ello. Beldad es, que abogo en él mis listezas y mis oquedades, sí…sí, sí, sí… ¡pero me importa un mito lo que prensen los que más! Porque yo, querido abrigo, siento tanta admonición como un cruda en la santa risa… ¡y Lepanto mi tropa más treces que un obispo su polla! Porque el vino… el vino, quejido amigo, es sangrado: ¡Sangrado! … ¿Y sabes por qué? Porque lo encierran como a un tuerto en una curva y luego… resucita! De eso te hablo: ¡de la barrica!



EL ARTE DE LA BARRICA.
(Presentado bajo el seudónimo de Gandalf el Gris.)
Empezó forrando y vistiendo de mujer las barricas de la bodega de su familia. Después, las inmortalizaba en lienzos y papeles. Sin descanso, Botero inundó el mundo de barricas disfrazadas de pinturas y esculturas.


AMOR 737. 
(Presentado bajo el seudónimo de Natasha Acero.)
La azafata, oficial de vuelo, Verónica Barricas pronunció doscientos cuarenta y ocho buenas noches, de forma lacónica pero sonriente. Nada hacia presagiar que la auxiliar se estaba enamorando. Nadie lo percibió. Poco despúes el avión despegó.
 
 
 
Hubo más, hasta once presentados de manera oficial y dos que no llegaron a concurso pero que rescataremos para traerlos al blog en una próxima entrada, junto con todos los presentados. Al ganador se le hizo entrega de la botella que reconocía su buen hacer: un Versum Teran Rioja 2012. Al segundo y tercer clasificado, se les hizo entrega de un Ostatu Tinto 2015 a cada participante.
 
Mientras tanto, notificaros que la próxima cata ya está en barrica -nunca mejor dicho, claro- y publicaremos las bases en los próximos días. Atentos los interesados y las interesadas.
Gora Errioxa Dohainik!




domingo, marzo 01, 2015








A nadie se le ocurrirá
que solo quiso volar, como antes, cuando se quedaba chapoteando en los charcos y no existía el cielo. Volar, como cuando caía por los agujeros de los libros a los mundos o se paraba en una palabra verso buscando otra que hiciera velcro. Sólo quería eso: volver a los días largos de besos cortos y rubores soleados, al cuerpo pequeño y sencillo de su hija, a las horas sudorosas del huerto, a los paseos. No estaba muerto. Solo quiso que, otra vez, volara el tiempo.



(Ejercicio literario inspirado en el
concurso de microrelatos de cadenaser)

miércoles, febrero 25, 2015







En 1789, el Antiguo Régimen se hundió,
y dio lugar al surgimiento de una sociedad nueva en la que los ciudadanos, libres e iguales, eran los garantes del nuevo contrato social.

Un texto de Serge Bianchi sobre la revolución francesa y sus utopías. Da qué pensar cuando más de dos siglos después, hace 226 años exactamente, aún aspiramos a escribir esa misma frase con la convicción de que, esta vez sí, es verdad.

En 2015, el Antiguo Régimen se hundió, y dio lugar al surgimiento de una sociedad nueva en la que los ciudadanos, libres e iguales, eran los garantes del nuevo contrato social.

domingo, enero 04, 2015





Una historia.

Le tiñeron la piel de negro cuando le hicieron esclavo. Cuando se liberó, fue por el mundo como un blanco teñido de negro.





jueves, noviembre 20, 2014







V. Sueltos (4)



Tengo por estancia tus instancias:
                                dame besos...





domingo, noviembre 16, 2014






Siempre venía con unas enormes gafas negras,
opacas como un velo de hormigón. Nunca se las quitó. Jamás vi sus ojos, ni su mirada, ni la expresión oculta tras ellas. Me dijo que no podía evitar llorar a todas horas. Y yo siempre la vi llorando. Los restos de su rostro visible estaban húmedos, surcados por pequeños regueros de agua limpia. De vez en cuando, un alud de gota descendía arrasando la mejilla hasta el borde pálido de su mentón. Y solo algunas veces, una de esas lágrimas fugaces se escurría hacia un abismo de silencio en su lenta caída hasta el pecho.

-Llorar no me pone triste -decía entre sollozos. Y seguía llorando.

Ejercía de plañidera en la pequeña funeraria de su barrio, en una ciudad mediana de provincias, donde todo el mundo tenía la sensación de conocerse a pesar de comportarse como desconocidos. Llevaba 17 años llorando los muertos de otros, pero siempre los supo lamentar como propios.

-Mi quejido no es un teatro. Ni actuación ni decorado. Yo lloro para que otros puedan hacerlo.

Su llanto era un desfibrilador de pechos acongojados, de gargantas anudadas, de emociones bloqueadas. Era el alivio de los cuerpos: el amanecer que precede a la resaca de las almas.

-Pero estoy cansada. No de llorar. De eso, no. Estoy cansada de la tristeza -gimió-. De esa garra que se clava en el esternón y pesa como una lanza clavada en el centro.- No le bastaba con liberar las heridas del corazón: dejarlas que sangraran agua para que, limpias, no se pudriesen allí dentro los muertos. No. Ella quería licuar los cuerpos.

Desde hace unos meses, hay un grupo de plañideras en el barrio; aunque menos, también van hombres. No hacen nada más. Sólo lloran. Disuelven lo dulce con lo amargo y dejan que cada cual distinga el sabor de sus experiencias.


viernes, marzo 21, 2014




V. Sueltos (3)



Con qué tiempo conjuga tu verbo impaciente/
cose o saja/
flecos en la costura de mis ansias





domingo, marzo 16, 2014



V. Sueltos (2).




Aún guardo restos del estallido:
ráfagas del olor de tu trinchera.




sábado, marzo 08, 2014





El mismo día que decidió
estudiar odontología tomó también la decisión de no volver a hablar. La primera vez que vino a verme nos escuchamos sin decirnos nada: paradojas del silencio. Y aún tuvimos que reencontrarnos un par de veces más, aprendiendo a comunicarnos con la incómoda sensación de que los cuerpos hablan, antes de que entendieramos nada.

Los siguientes días fuimos cruzando todas las formas sólidas que el lenguaje es capaz de licuar: suspiros fonéticos, perifrásis corporales arrellanándose en las sillas, algún verbo escrito con el tacto tímido de las manos, versos sueltos y sin rima que recitábamos con los párpados, breves diálogos de ojos gritándose emociones repentinas... Lengua muda de los cuerpos en roce.

Habían pasado ya un par de meses, y aún no habíamos usado la garganta ni sus cuerdas para atarnos, cuando un día llegó con un diente molar, acomodado en una de esas pequeñas cajas cuadradas que los anillos usan para esposar a los pretendientes. Depositó su minúsculo cuadrado rojo sobre mi escritorio y se sentó con las manos cruzadas en sus labios pidiendo silencio, demora, oración.
Esperé con la mirada sostenida de una novía: mudo a punto de gritar. 

"Yo soy ese que llaman el Ratoncito Perez."

Y entonces sentí su ausencia. Vacío. No eran el lenguaje, las palabras, las ideas..., era la voz lo que me faltaba. Se congeló mi boca como una mandíbula de molino atascado. Ciego como el pozo de una mina. ¿Qué cuerpo, sin piel? ¿Qué palabra, sin poderla lamer? ¿Qué lengua, sin voz? Todo mi cuerpo se desgañitaba angustiado queriendo hablar, sonar, gemir. Decir. Decir algo. Pedir explicaciones, hacer preguntas: poner voz.

"Ese es el primer diente que recogí. LLevo años recopilando y guardando los dientes de la gente. Los que meten debajo de las almohadas. Los que envuelven en un pequeño trozo de papel. Los que se dejan en un rincón de la encimera. Los qué se quedan los dentistas. Los que se caen al suelo. Los que tiran... Esos que nunca nadie recuerda qué hizo con ellos. Y desde aquel día no había vuelto a hablar. Me quedé sin voz. Mudo."

Me miró con dulzura, usando la voz suave de sus ojos serenos. Me tranquilizó tocándome con la punta sonriente de sus lábios. Apaciguó mi silencio; y cuando vió que había recuperado el habla, se levantó para marcharse, liviano, con un último verso. Durante todos esos años, rebuscó en los intersticios de las muelas restos de fonemas, letras sobrantes; palabras que se hubieran quedado clavadas en los colmillos, como notas sujetas a un pincho. Ecos de lo que pudiera decirse.

"La persona a la que le cogí ese diente, aquella noche soñaba que su cuerpo iba volando en giros hacia algún lugar por el que, al fin, podría salir.
No está en la boca. Ni siquiera en la garganta. Está más allá. Antes, incluso, de que existieramos nosotros. La voz no es algo que tenemos: nos llega.
Es tuyo."

jueves, marzo 06, 2014


http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/Muere-poeta-Leopoldo-Maria-Panero_0_235876472.html
Ha muerto Leopoldo María Panero.

Y además de su turbadora poesía, de la fuerza de su locura y su cordura -en él no se distinguían como lo hacen en el resto-, recuerdo el día que fuimos a rescatarlo, como un komando terrorista-cultural de jóvenes dispuestos a asaltar la razón establecida, al manicomio de Mondragon (uno de tantos). 

Recuerdo aquellas horas lúcidas de coca-colas infinitas, de cigarrillos masticados y hasta me acuerdo de la tortilla de ajos tiernos que mezcló con las pastillas y que terminó por asesinarlo. Una pastilla que el médico insistió insistió insistió en que le diéramos y, el hombre de ideas oceánicas, de verborrea poética radical y situacionista, quedó sumido para siempre -para nosotros ya sería para siempre- en una de las formas de terror en las que el poder tiende a violarnos: quedó dormida su palabra, su aliento, su latido, su mente, su mirada...


Mi pequeña ofrenda en "Versos Sueltos":

"Me falta el oxígeno de tu Palabra: mi aliento."