jueves, marzo 06, 2014


http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/Muere-poeta-Leopoldo-Maria-Panero_0_235876472.html
Ha muerto Leopoldo María Panero.

Y además de su turbadora poesía, de la fuerza de su locura y su cordura -en él no se distinguían como lo hacen en el resto-, recuerdo el día que fuimos a rescatarlo, como un komando terrorista-cultural de jóvenes dispuestos a asaltar la razón establecida, al manicomio de Mondragon (uno de tantos). 

Recuerdo aquellas horas lúcidas de coca-colas infinitas, de cigarrillos masticados y hasta me acuerdo de la tortilla de ajos tiernos que mezcló con las pastillas y que terminó por asesinarlo. Una pastilla que el médico insistió insistió insistió en que le diéramos y, el hombre de ideas oceánicas, de verborrea poética radical y situacionista, quedó sumido para siempre -para nosotros ya sería para siempre- en una de las formas de terror en las que el poder tiende a violarnos: quedó dormida su palabra, su aliento, su latido, su mente, su mirada...


Mi pequeña ofrenda en "Versos Sueltos":

"Me falta el oxígeno de tu Palabra: mi aliento."

domingo, noviembre 04, 2012



Aún no se había sentado
y ya estaba esbozando aquella forzada sonrisa. Todavía perdura en la habitación la espesura de su sombra. Los labios rotos, como brazos quebrados bajo su nariz. No fue el trazo de gaviota negra dibujado en su boca -pájaro de mal agüero- lo que se me grabó en la memoria, sino el brillo afilado de los dos pequeños colmillos punzantes que asomaban bajo las alas sombrías de su estúpida sonrisa. Aún siento el estremecimiento que me produjo su silencio incisivo.

- Enseñar los colmillos es una expresión que suele referirse al deseo de hacerse respetar o temer. - Le dije.- No sé cual de esas dos actitudes es la que usted pretende.

Me miró con su cara de idiota, una dulzura agria en los ojos, y forzó más las comisuras de los labios, estirando su plástica sonrisa como un áspero gorro de baño.

- ¡Oh, no! - Dijo. - Es mi admiración... mi admiración... y mi aprecio por usted ... por usted y su profundo... nada más... No, no, nada más... Su conocimiento... su conocimiento, si... Nada más. Si, nada más... Oh, no... nada más... en serio... es mi... solo eso... ¿comprende?... oh, no...!

Cuando le vi farfullar de aquella manera, no solo podía escuchar su profunda confusión. También podía advertirse la violenta aceleración de su mente, el desorden de las ideas. El miedo resoplába en su boca como ráfagas de aire colándose entre las hojas de los árboles, ocultando el sonido de su voz, robándole palabras como quien quita ladrillos a un muro.

Tocaba el piano en un viejo bar de ciudad repitiendo el mismo repertorio cada día. Y según me dijo hacía un par de meses que había decidido deshacerse de su piano de los últimos quince años porque “el que tengo es… no sé… es como… ¿sabe?... como si se hubiera aprendido las partituras… eso, sí… las partituras de memoria… sí, ja ja, sí… de memoria, sí, bueno, ya me entiende… como si se las hubiera aprendido y ahora, ¿sabe?… ahora no quiere que toque ninguna otra… en serio, no quiere que toque ninguna otra… ¿lo puede creer?, no me deja que toque ninguna otra… es increible… ¡increible!… ¿lo puede creer?... ¡puto piano!...

Y volvió a levantar el telón de sus labios, como una cortina tras la que asoman los pies, mostrando sus pequeños colmillos descalzos, sin suelo donde morder. Detrás se perfilaba la sombra de una sonrisa escuálida: "Y, bueno… yo… sí, verá, yo… como mi aprecio… usted ya sabe mi aprecio… he pensado que tal vez… bueno, no sé… sí… tal vez, he pensado, tal vez podría ayudarme a matar a mi piano… bueno, no, claro, je je… matar no… je je… ya sabe… dejarlo, eso, sí!... dejarlo ¿sabe?... es que yo… es decir, no puedo… no sé, vamos… no sé como... ¿sabe?, no sé… en realidad es como si ya no pudiera enseñarle más, ¿no cree?… es decir, sí… ya me entiende… como si al puto piano le hubiera ya enseñado todo… eso es, sí, eso quiero decir… en realidad ya se lo he enseñado todo, ¿no?… ya me entiende usted… su conocimiento… o sea no hay piano ya que pueda aprender más de mí, ¿no cree? ¿eh?!... ¿ya sabe, no?... es decir, sí… ¿ya sabe lo que quiero decir, verdad?... es que yo no… no sé… no… ¿entiende?... puto piano…

Antes de que volviera a cruzar la selva de sus emociones a machetazos me levanté a abrirle la puerta:
- No se preocupe, algún día encontrará quien le toque a usted.- Pobre idiota, pensé, solo es un vampiro.


lunes, febrero 20, 2012



No vino a verme por ninguna razón en concreto.
Trabajaba como "product manager" en una compañía de salchichas y lo decía con un acento forzado que descomponía totalmente la armonía de su rostro. Lo malo de los idiomas extranjeros no es la fonética, sino la dificultad que tenemos para adecuar los gestos y los músculos de la cara al sonido de las palabras. Solo los mimos hablan sin afectar las lenguas.

Atendía más a los interruptores faciales de su monólogo que al sentido de su exposición. Ella hablaba y yo sólo podía ver cómo le cambiaba el semblante, en pequeñas descargas fugaces y repentinas. "En mi vida todo se reduce a identificar, especificar y cuantificar las opportunities actuales del mercado, intento involucrar a todos los departamentos de la empresa; trabajamos intensamente en nuestro branding concept, para tener una marca potente y reconocible; superviso que se detallen correctamente tanto las especificaciones técnicas como las referidas a nuestros customer; y soy responsable de la planificación y de ejecutar el development program del producto. Pero, no sé por qué, las salchichas siguen sin gustarme."


Durante varias semanas hablamos de las salchichas. Fue así como me enteré de que los koreanos utilizan una de las variedades de salchichas empaquetadas que venden como aperitivos para controlar, como si fueran punteros, los teléfonos de pantalla táctil durante el invierno, cuando los guantes se convierten en un obstáculo. O que la primera referencia literaria de la historia se la debemos a Homero que, ya en el siglo IX A.C., menciona la salchicha en la Odisea. Y durante aquellos días de curiosidades culinarias el rostro de ella seguía emitiendo, como una estrella a punto de extinguirse, pequeñas pulsaciones, ruido de fondo, distorsiones faciales que salpicaban sus conversaciones...

Hasta que un viernes, en un atardecer derramado como ketchup, lo dijo en alto: me siento extranjera en mi propia vida. Es como si el lenguaje del mundo no encajara entre mis labios. Odio las salchichas. Odio mi trabajo.

martes, febrero 14, 2012





Realmente yo nunca llegué a hablar con él.
Solía encontrármelo varias mañanas en la acera que hay enfrente de mi despacho, sentado sobre una vieja caja de madera. Alrededor suyo, con cubos vacíos de pintura, organizaba una colorida batería de plástico colocándolos boca abajo, distribuyéndolos por el pavimento. Sacaba unas baquetas de una pequeña mochila verde que nunca se quitaba y se ponía a tocar.
Requetetumtumtum tumbaban los ritmos por la calle y el tumpu tumpu tumpu tumpu tumputum pum pum acelerado de lo cubos más grandes se mezclaba con las voces tanka tankatanka tankatan tan tan blancas de los más pequeños, un tenke que se colaba tenke entre los tenkeritmos principales... tumpu tumpu tumpu tumpu tenketumpu tumpu tumpu tumputum pumpum en un diálogo de huecos tenke que gritaban eco, como si un agujero tenke se hubiera abierto tanka tankatanka tankatan tan tan en el cielo gris de la ciudad. Los pájaros pardos de los invisibles árboles urbanos tumpu tumpu tenketumpu tumpu tumpu tenketumpu tumpu tumpu tenketum tum tum caían al suelo tanka como manchas de tinta amarillenta y revoloteaban tankatanka tankatan tan tan alterados como en una loca estampida de mariposas tumpu tumpu tenketumpu tankatumpu tenketumpu tum tum. A las gentes, sombrías, tumputum tum tum que cruzaban por allí se les iluminaba el negro rostro tanka y algo de aquel eco profundo retumputumpu  tenketumpu retumbaba en lo más profundo de su cuerpo tanka porque vibraban las pieles como una paleta de colores tanka y bastaba verles venir tenke y observarlos cruzar por delante de aquella esquina tanka para saber que aquel hombre tumpu abría un agujero en el espacio tenke donde la luz se curvaba en una sonrisa blanca. Tum tum!

Fue su madre la que se acercó a mí un día y, mientras desde el otro lado de la calle contemplábamos sus golpes como un herrero del aire, me dijo: usted que sabe tanto de estas cosas... ¿Cree que debo decirle algo? ¿O le dejo que siga con lo suyo? Se me quedó mirando a la espera de una respuesta que no llegó.Tenketumpu tumpu tumpu tum tum!

lunes, enero 23, 2012



La primera vez que vino
el viento se había adherido a los cristales como un vinilo de hielo. Un manto de baba blanca inundaba de huellas grises las calles de la ciudad. Tengo demasiado calor, dijo. Y en el descanso de una de sus manos sobre la mía continuó: es como si siempre tuviera fiebre, como si me estuviera consumiendo por dentro. Quemo. Ardo.
Y mientras la piel de mis dedos se agostaba bajo el calor de su mano, me contó que había visto marchitarse a tantas mujeres a su lado que estaba convencido de que el amor solo era para los tibios. "Me refiero a esas personas que lo mismo habitan un lunes que un sábado. Los sobrios, los moderados, los contenidos. Los indiferentes a los días de lluvia, al periódico del domingo, al café de una noche en vela... Los insípidos ante un beso, una tarta, un poema... hay tantos, tantos..." Se le humedecieron los ojos y pensé que no lloraría. Sollozaba fuego cuando abrí las ventanas pero echó a reir cuando, con un puñado de nieve entre las manos, envolví la suya. Aún se estaba derritiendo el hielo en carcajadas:
- ... Calentar a los tibios...- dijo.

jueves, noviembre 24, 2011





La primera vez que vino,
como todos, tenía un problema: sus pies no conocían el mundo. Siempre los llevaba embutidos en unos gruesos calcetines de modo que impidieran todo contacto con cualquier superficie. El roce de las sábanas le hacía tiritar igual que se deposita una copa de vino vacía, pisar descalza sobre la tierra era como un arañazo sobre la espalda y hasta deslizarse por la suavidad pulida de una madera le rasgaba el paso como un clavo en un zapato. Le preocupaba esa imposibilidad suya para dar pasos desnudos en la vida. Sin saber qué hacer, decía, dibujaba poemas, escribía canciones, esculpía cuadros o bailaba esculturas.

No recuerda exactamente desde cuando, pero debía tener unos pies muy pequeños cuando le pusieron sus primeros calcetines para que nada lastimara las raices de sus plantas. Su madre jamás sintió una patada en el vientre y aún estaba de parto cuando tuvieron que ponerle unos diminutos patucos rosas: lo primero que asomó fue uno de sus delicados pies y en cuanto la matrona trataba de agarrarlo suavemente para tirar, ella volvía a trepar hasta guarecerse en la placenta de su madre. Lo asomaba de nuevo, como tanteando la vida, y en cuanto algo hacía contacto con él desaparecía el relámpago de su pie. Parecía que quisiera nacer al cielo, al aire, a la nada. La matrona la calzó y la dejó nacer sola: "no creo que esta niña llegue a tener nunca los pies en el suelo".

lunes, octubre 31, 2011


Nomadas in Transit.
Todo proyecto político tiene su poética. O tal vez era a la inversa... El caso es que los nómadas ya están aquí. Hemos llegado en silencio. Uno a una. Solos. Era la manera de que no nos vieran. Ahora es el tiempo de echar verbos: trashumancias.
Aquí dejo recopilados -y abro, de nuevo, la voz- algunos de mis propios "echos" acumulados.



Nomadas in Transit I
Caminó durante 100 noches y 100 días. Y no descansó hasta llegar al lugar exacto. Alli donde alguien le dijo: quédate, no te vayas nunca.


Nomadas in Transit II
Flotan algas humanas por las costas,
 deshechos viscosos de la migración.

Nomadas in Transit III
Hay semillas que necesitan tiempo para enraizar...

Nomadas in Transit IV
Lo más débil de nosotros mismos...
es el otro.

Nomadas in Transit V
.. mis alambradas son más recias,
menos líquidas...

Nomadas in Transit VI
Y si alguna vez me he follado a la razón con la locura,
fue para encerrarme en el manicomio de tus labios!

Nomadas in Transit VII
Me gustan tus curvas exageradas... corriendo como un tiempo sin demora.







Breve cuento de un anoche.
Anoche me besó. Justo en el momento en que nos despedíamos.
Fue un buen final, para un comienzo.




miércoles, marzo 30, 2011



Siempre nos paramos
en los límites: ante el escenario del mundo, en las orillas de nuestra infancia, junto a la piel desnuda de un cuerpo, a las puertas de lo que queremos, en los pasos del deseo, en la linde del miedo...

Y solo podremos cruzarlos si buscamos las grietas: en el hueco abierto en el aire, en el juego, en los poros, en los gestos, en unos labios... en lo más profundo de nuestros bosques. Donde acechan los lobos que todos llevamos dentro.

Este anuncio, sin duda, es una delicada grieta en el sistema.
Bien por ellos!

jueves, marzo 17, 2011



Vendrá la muerte...
... y tendrá tus ojos.

(Cesare Pavese.)
El verbo ha muerto.
No respiran las comas
los puntos.
No se alteran los signos,
no interrogas
no exclamas.

El verbo ha muerto.
Sin abismos ni puntos suspensivos
sin matices
ni comillas.
No hay paréntesis ni huecos,
ni ímpetus
ni tildes.

El verbo ha muerto...
...y ya no se encarna.

(Borrador uno)

miércoles, marzo 09, 2011



(de Nomadas in transit)

Pidieron sacrificios
para adorar a un dios que, al cabo, requirió cuerpos durante siglos. Relojes de sangre densa marcando años, dejando vacíos. Insaciable, el dios extendió su sed sobre hombres y mujeres, niños y ancianos. Y al tiempo, hasta los sacerdotes fueron sacrificados.

Al fin, el último vivo abrió las entrañas del propio dios ofreciéndole su propia muerte.

martes, febrero 22, 2011


Todas las mañanas del mundo...
son la misma mujer.


- La música está para decir aquello que la palabra no puede. Es por eso que no es del todo humana. ¿Ya descubrió que no está hecha para el rey?
- Descubrí que estaba hecha para Dios.
- Pues, se equivocó. Dios habla.
- ¿Para el oido?
- Lo que no se puede decir, no es para el oido.
- ¿Por dinero? ¿La gloria? ¿El silencio?
- El silencio es lo opuesto al lenguaje.
- ¿Los músicos rivales? ¿El amor? ¿La perdida del amor? ¿El abandono?...
- No, no, no...
(...)
- Un abrevadero para los que no tienen lenguaje. Para el asombro de los niños. Para suavizar los martillazos de los zapateros. Para el estado que precede a la infancia. Cuando no teníamos aliento ni luz.

(Retazos del diálogo entre
Monsieur de Sainte-Colombe
y Marin Marais en la película
"Todas las mañanas del mundo")

martes, febrero 08, 2011




"Mis tardes con Margaritte"
- o "La Tête en friche"-
es una película sencilla pero muy dulce de Jean Becker ("Conversaciones con mi jardinero", "Dejad de quererme"...). Aunque la imagen del vídeo no es muy buena, tampoco importa. Porque lo realmente hermoso e intenso de este tramo final de la película es el texto. Hubiera bastado ese minuto y medio de carretera y voz rodante, para que la película estuviera terminada.
Gozarla: es la palabra.

"Fue un encuentro poco corriente entre el amor y la ternura, en su camino no había duda, tenía nombre de flor. Vivía rodeada de palabras, adjetivos traídos por los pelos, verbos que crecían como la hierba, algunos lloraban de forma oscura, pero ella atravesó mi cascarón y se me coló con dulzura hasta mi corazón.
En las historias de amor no siempre hay solo amor, a veces no hay ni un te quiero y sin embargo queremos. Fue un encuentro poco frecuente, la conocí por azar en un banco de la plaza, no abultaba mucho, no era más grande que una paloma con sus pequeñas plumas. Allí estaba, rodeada de palabras, nombres comunes como el mio.
Me dio un libro, luego otro, luego muchos más, páginas que estallaron en mis ojos. No te mueras todavía, tienes tiempo, espera. No es tu hora pequeña flor, dame un poco más de ti, dame un poco más de tu vida, espera. En las historias de amor no siempre hay solo amor, a veces no hay ni un te quiero y sin embargo queremos."

domingo, enero 30, 2011




"Youkali es el país que alguien soñó,
Youkali es donde se inventó el color...
"

Una amiga me hizo llegar otra versión -más suave, más marina- de este tango intenso: una versión para cuerda interpretada por Armadillo String Quartet. Ella dice que cura el corazón... Sólo por si acaso fuera verdad, he pensado en esparcirla como una espora.
Confío en que, si os llega, contamine vuestros cuerpos y encuentre sus huecos húmedos y anegados; que se extienda sobre la corteza rugosa de las heridas, sobre la roca dura de las cicatrices... Y al fin, como una nota, rompa el dique mudo de las emociones.
Gracias!

lunes, enero 24, 2011



Sin duda hay muchas y diferentes formas de decir las cosas. En este caso no queda claro si son las lenguas las que hacen la forma o es el pensamiento el que da forma a las lenguas.

El cartel de arriba, que lo fotografié en la entrada a una urbanización de Hondarribia dice así en la versión en euskera: "Aquí vive gente, por favor no juegues". La versión en castellano abusa más del imperativo y especifica, además, lo de "a pelota o balón".

No termino de comprender muy bien qué es lo que nos lleva a prohibir el juego en los espacios comunes, que son aquellos que habitamos todos. El juego debería ser una obligación. Algo así como:
Aquí vive gente, juegue por favor!
o
Es obligatorio jugar a pelota o balón.