Breve cuento de un anoche.
Anoche me besó. Justo en el momento en que nos despedíamos.
Fue un buen final, para un comienzo.
"En 1995, armado de una libreta, una grabadora y una cámara de video, Ngawang viajó de regreso a Tíbet con el único objetivo de grabar música tibetana para codificarla y tratar de evitar que el fallecimiento de los ancianos se llevase sus acordes a la tumba para siempre. Fue detenido. Gran parte de su material, confiscado. Condenado a 18 años de cárcel y acusado de espionaje, podría haberse podrido en un penal Chino si su madre no hubiera decidido permanecer durante casi tres años protestando ante la Embajada China en la India. Su ejemplo llegaría a oídos de las organizaciones de Derechos Humanos y finalmente la presión ejercida por Amnistía Internacional consiguió que, tras siete años en las poco confortables prisiones comunistas, Ngawang fuese puesto en libertad en 2002." (Teneís una estupenda entrevista con Ngwang en el artículo de Periodismohumano.)